Hola amig@s de la Plazuela soy vuestro Blesy y os escribo todavía con la impresión en lo más profundo de mi concha caracoliana. Os preguntareis el porqué, pues os lo voy a explicar.
Merodeaba yo por el Bosque de los robledales del Alto Roblesio, cuando de pronto oí una animada charla. Según me iba acercando con mi tranquilo deslizar de caracol-caracoleado, me di cuenta que los que hablaban no eran otros que... Miguel de Cervantes, el Mago Oriol, Don Alonso Quijano Hidalgo de los Bosques de la Mancha, su caballo Rocinante, su amigo Sancho Panza y el borriquillo de este.
Me escondí bajo el manto pardo de las hojas de las Mimosas Amarillosas, para intentar escuchar algo de lo que hablaban. Y vaya si escuche ¡bien alto y claro!, como Oriol invitaba a Don Quijote y a Sancho a que fueran a la Escuela de la Plazuela para conocer a tod@s sus habitantes.
También pude ver el truco de magia que Oriol hizo en ese preciso momento, de unos viejos molinos que se divisaban a lo lejos, con sus poderes los convirtió en divertidos gigantes, que bailaban al son de juguetones jilgueros y petirrojos, con una gracia y desparpajo dignos de los coros de danzas más ancestrales que hayan existido en la naturaleza.
Cervantes hablaba de una novela que quería escribir y le pidió permiso a Don Alonso Quijano, para que fuera el protagonista de la novela y también para cambiarle el nombre por Don Quijote. Alonso Quijano, rebautizado, le concedió el permiso con la indispensable condición, que también participara de esa "locura" literaria su amigo y escudero, Sancho Panza. Cervantes acepto encantado y con un estilo ÚNICO, empezó en ese mismo momento, la novela.
La verdad es que al principio no se le ocurría como poder empezarla, y fue Oriol, el que de pronto alzando su varita mágica y con su majestuosa voz pronunció las palabras mágicas de KATABARI-KATABARA. Fue en cuestión de milésimas de pétalos de flores de manzanilla, que empezaran a revolotear, hadas, musas, ninfas, sueños... alrededor de Don Miguel de Cervantes.
El escritor cogiendo su tintero y pluma de avefría, comenzó su caballeresco relato al son de los seres traidos por el mago de las laderas más secretas de todos los Bosques-Boscunos. Y con ese vaivén de palabras, su mano rauda y sin titubeos empezó a escribir... " En un lugar de la mancha de cuyo nombre... ".
el insigne Cervantes se sentó junto al arroyo fuente-fresca, a la sombra de unos Olmos centenarios y allí musitando palabras y más palabras continuo con su novela.
Por su parte Alonso Quijano, Sancho y su caballo y burrillo, y por supuesto nuestro maravilloso Oriol, se alejaron para no interrumpir la creatividad de Don Miguel de Cervantes.
Yo, también muy despacito me fui alejando para no romper la atmosfera que envolvia a aquella novela. Que me da a mi la impresión que será un BEST SELLER.
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