
¡Hola a todos! No sé si habréis notado mi ausencia, espero que los príncipes y princesas si me hayan echado en falta.
Os voy a contar el porqué no he vuelto a la escuela. Durante estos días de vacaciones, tenía encomendada una misión, era secreta, por eso no pude contárselo a nadie, ni siquiera a Tito, que espero que me disculpe. Veréis, antes de marcharnos el Mago Oriol, me mandó a través de Blesy una carta, contándome algunas cosas, que claro, yo no os puedo contar……, y me pidió, porque sabía que iba a hacer un viaje, que investigara algunas cosas referentes a un bosque del que le habían hablado y que sabía que estaba cerca de donde yo iba a ir.
El Mago Oriol, me pidió encarecidamente, que visitara ese bosque, porque según le habían dicho, ahora en primavera, se convertía en un lugar mágico y misterioso, me pidió que recolectara algunas de las semillas que me describía en la carta, de grandes poderes curativos. El bosque se llamaba L´Ordal, ¿un nombre raro, verdad?, pero es que en ese lugar no hablan nuestro idioma.
Oriol sabía, que mis antepasados vivieron allí durante algunas décadas y que yo de vez en cuando iba a visitar a algún pariente que todavía queda por allí. Y así lo hice.
Un día de un sol resplandeciente, me acerqué al bosque. Realmente era un lugar especial, había muchoooooos árboles, arbustos, plantas, flores, algunas conocidas y otras no. Intenté buscar aquellas semillas que Oriol necesitaba, para ello me dio “El libro de los secretos arbústicos” A mí me parecían todos iguales, pero intenté esforzarme y buscar las semillas.
Las iba metiendo en un saco especial que también Blesy me trajo, un saco muy raro que ordenaba las semillas según iban cayendo en él. Ensimismada como estaba en tal arduo trabajo, no me di cuenta del personajillo que había a mi lado. No me llegaba ni a la rodilla. Al verle, me asusté un poco, pero en seguida me resultó conocido y pensé “ ¿será familia del duende juguetón..? ”. Marga me había enseñado en varias ocasiones su duende y realmente se parecía a aquél extraño ser que estaba a mi lado. No tenía cara de buenos amigos, fruncía el ceño y tenía los brazos apoyados en las caderas y me miraba como preguntándome que qué estaba haciendo.
A mi sólo se me ocurrió forzar una sonrisa, para contestar a su gesto, pero eso no le bastó y con una voz diminuta me dijo ¿se puede saber que haces?. Yo intenté explicarle que estaba llevando a cabo una misión de un gran mago que conocía, pero no le bastó y sacando, no sé de donde un tronco de árbol, me atizó en la punta del pié, menos mal que el tronco era tan pequeño como él, y apenas note el golpecito.
Como ni me inmuté, empezó a golpear el suelo con su piececillo y ya se le empezaba a ver inquieto, así que decidí contarle que conocía al mago Oriol que era un especialista de los bosques y que necesitaba algunas semillas para hacer remedios para los males, que había oído hablar de aquel maravilloso bosque y que allí me mandó a hacer la recolecta. El pequeño ser, cuando oyó el nombre de Oriol, cambió la expresión de su cara y supuse que le conocía, pero no me atreví a preguntárselo porque no parecía estar muy dispuesto a contestarme.
Cuando terminé de hablar, se quedó pensativo, y rascándose la barba dijo: “está bien, puedes coger todas las semillas que quieras, pero ten cuidado de no estropear nada” . Y diciendo esto se dio la vuelta y empezó a andar, cuando había dado dos o tres pasos se giró y me dijo: “puedes permanecer aquí el tiempo que quieras, pero debes cuidar este sitio como si de tu casa se tratara. ¡Ah! Y dale recuerdos a Oriol, dile que has visto a Barretin el duende del Ordal y entrégale esta hoja, él sabrá de qué se trata, y diciendo esto desapareció.
Yo terminé de recoger las semillas que me faltaban y aproveché después para sentarme un rato y disfrutar de aquel lugar maravilloso. Saqué la hoja que me había dado el duendecillo y la miré, realmente no parecía una hoja normal, la volví a guardar y me relajé.
Os mando una foto del aquél lugar. Cuando me desperté la encontré a mi lado, supongo que el pequeño ser me la hizo, para que os la enseñara.
Ahora tengo que marcharme, otro día os volveré a escribir. Creo que todavía no voy a regresar, me da en la nariz que algo se va a complicar.
Besos y besitos para los que más pequeñitos y para los demás abrazos envueltos en lazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.