martes, 24 de noviembre de 2009

PINO PINATE

Gracias Rosalin por acordarte de mí, como han pasado tantos otoños desde la última vez que coincidimos, que si te acuerdas fue en el monte pinar, junto a los arroyos donde las perdices, las avefrías y las codornices cantan melodías al sol de la mañana y nanas al lucero del alba. Qué te parece si contamos lo divertido que nos lo pasamos haciendo las casitas de los pajarillos de aquel bosque, yo las pintaba de colores, y tu las engalanabas con telas de unos brillos tan espectaculares que hasta las margaritas silvestres se sentían apagadas. Pero lo más divertido fue cuando apareció Oriol, tú le pintaste los hilos de oro de su capa con tus pinceles de madera de árgano. Estaba espectacular con el toque especial que le diste con tu pañuelo de seda turquesa y oropeles rojizos, cual fue nuestra sorpresa, y digo nuestra porque allí estaban las ardillas, los cucos y los búhos reales, con la boca abierta, al ver que de un trocito de pino que estaba escondido entre la gama de marrones del suelo, sacaste una varita mágica y se la regalaste. Sabemos que tu también tienes un don especial, el don de la alegría, difícil de encontrar hoy en día.
Creo que con nuestros recuerdos se me hace tarde y tengo que recoger púas del bosque para hacer peines para que las niñas que tengan ricitos se peinen.
Os dejo pero no creáis que se me ha olvidado contaros lo de mi casita caracoliana con conchitas de nácar. Lo haré dentro de 30 hojas y 20 nueces.
Besos de Blesy.

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